Los clásicos vuelven al mercado… o algo así.
La nostalgia se ha convertido en una de las fuerzas más rentables del mercado. Lo vemos en el cine con el rescate de franquicias clásicas, pero también en la industria automotriz, que durante años dejó atrás los modelos icónicos para enfocarse en la innovación tecnológica. Hoy, ese ciclo está cambiando. Las marcas entendieron que el consumidor moderno busca más que tecnología: quiere historia, identidad y emoción. Y así, los muscle cars —símbolos de potencia y libertad en el siglo XX— están regresando en versiones eléctricas que apelan tanto a la memoria colectiva como a la innovación.


En esta nueva era tecnológica, actualizar un modelo estrella implica mucho más que rediseño. Requiere reimaginar su ADN desde cero:
El primer gran movimiento lo hicieron las compañías estadounidenses, particularmente aquellas que han dominado la narrativa del muscle car por décadas. El relanzamiento del Dodge Charger eléctrico abrió la conversación, planteando que era posible mantener el espíritu deportivo sin un motor V8 tradicional. A este proyecto se suman otras marcas como Polestar que anunció el Polestar 6 y Buick con el Wildcat EV, prototipos y ediciones especiales inspiradas en modelos de los años 60 y 70, pero impulsados por baterías de última generación.


Aunque los precios dependen de cada configuración, los analistas estiman que rondarán entre los 60 y 90 mil dólares en sus primeras ediciones, enfocadas en un mercado premium-performance. La industria ha reaccionado con entusiasmo moderado pero la reacción del consumidor ha sido positiva: la idea de combinar nostalgia, estética clásica y tecnología de vanguardia ha generado una ola de expectativas que muchas marcas aspiran a capitalizar.
En conclusión, el regreso de los muscle cars en versión eléctrica no es un capricho de ingeniería, sino una estrategia comercial que entiende el momento cultural. Industrias enteras están descubriendo que el pasado puede ser un gran negocio cuando se interpreta con visión de futuro. Y si la recepción sigue siendo favorable, podríamos estar ante el renacimiento más inesperado —y electrizante— de la industria automotriz moderna.


