ESTADOS UNIDOS.- Un trabajo científico reciente difundido en la revista Neurology ha puesto sobre la mesa una posible asociación entre la ingesta habitual de queso y nata con alto contenido en grasa y una menor probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas. El hallazgo ha despertado interés, aunque los investigadores subrayan que no se trata de una invitación a aumentar sin control el consumo de estos alimentos, sino de interpretar los resultados con cautela y rigor científico.
Investigación a largo plazo
De acuerdo con datos publicados por la Universidad de Lund, el estudio analizó la evolución de 27.670 personas adultas a lo largo de 25 años. Los resultados indicaron que quienes consumían al menos 50 gramos diarios de queso graso presentaban entre un 13 % y un 17 % menos de riesgo de padecer Alzheimer, siempre que no tuvieran la variante genética APOE e4, asociada a esta enfermedad. Además, el riesgo de desarrollar algún tipo de demencia se redujo hasta en un 29 % en este mismo grupo.
El análisis también observó que la ingesta diaria de alrededor de 20 gramos de nata rica en grasa se relacionó con ligeras disminuciones en el riesgo global de demencia. No obstante, los especialistas advierten que estos datos no demuestran una relación directa de causa y efecto. En otras palabras, no puede afirmarse que el queso o la nata sean los responsables directos de la protección cerebral.
Límites y posibles sesgos
Entre las limitaciones del estudio figura el método de recogida de datos alimentarios, basado en cuestionarios y diarios completados al inicio de la investigación. Este sistema puede dar lugar a errores de recuerdo o no reflejar cambios en la dieta a lo largo del tiempo, lo que podría distorsionar los resultados, según recoge Science Alert.
Otra hipótesis plantea que los beneficios observados no provengan del queso en sí, sino de los alimentos que reemplaza en la dieta. Las personas que consumen más queso y nata podrían estar reduciendo la ingesta de carnes procesadas u otros productos menos saludables, lo que explicaría una parte de la reducción del riesgo de demencia.
El perfil de los participantes también resulta relevante. Los datos muestran que quienes consumían más queso graso solían tener mayor nivel educativo, menor índice de sobrepeso y menos enfermedades como hipertensión o diabetes. Estos factores, por sí solos, ya influyen en la salud cerebral, lo que dificulta aislar el impacto real de la alimentación.
No todos los lácteos actúan igual
El estudio no encontró vínculos significativos entre el riesgo de demencia y el consumo de otros productos lácteos como la leche, la mantequilla, el yogur o el kéfir. Esto sugiere que los posibles efectos beneficiosos no se aplican de forma general a todos los lácteos ni a todas las grasas.
Por este motivo, los expertos recomiendan analizar la dieta en su conjunto y tener en cuenta el estilo de vida global, en lugar de centrarse en un solo alimento como posible solución frente a enfermedades neurodegenerativas.


