CHINA.- Se trata de las etnias Miao y Dong, dos de los 55 grupos minoritarios oficialmente reconocidos por China, cuyas tradiciones hoy representan uno de los principales motores del turismo rural en el país asiático.
Lejos del ritmo vertiginoso de ciudades como Shanghái, Hong Kong, Chongqing o Pekín, en las montañas de la provincia china de Guizhou sobreviven comunidades.
Que han logrado preservar durante siglos una herencia cultural única.
Turismo rural
Enclavadas entre cordilleras y valles, estas comunidades han conservado costumbres, expresiones artísticas y conocimientos ancestrales que forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.
Gracias a ello, el gobierno chino ha encontrado en la riqueza cultural de estas regiones una alternativa para impulsar el desarrollo económico y combatir la pobreza.
Mientras China consolida su liderazgo en sectores como la inteligencia artificial, la industria automotriz y la exploración espacial.
También ha fortalecido estrategias para generar riqueza a partir de las raíces culturales de sus grupos étnicos.
Actualmente, las minorías representan cerca del 9 por ciento de la población nacional.
Uno de los casos más emblemáticos es la aldea Miao de Xijiang Qianhu. Desde 2008, esta comunidad fue transformada en un modelo de turismo rural y hoy figura entre los destinos más visitados del país.
La estrategia ha generado resultados notables.
En menos de dos décadas, Xijiang pasó de depender casi exclusivamente de la agricultura a desarrollar una economía diversificada.
En la que el turismo ocupa un papel central.
Durante este periodo, el ingreso promedio de sus habitantes aumentó de mil a 30 mil yuanes mensuales, equivalentes a cerca de 77 mil pesos mexicanos.
Ubicada a unos 40 minutos de la ciudad de Kaili, la localidad alberga a unas 6 mil personas distribuidas en mil familias.
Además, la actividad turística ha permitido crear más de 20 mil empleos.
Una cifra que supera por más de tres veces el total de su población.
“Esta idea ha creado muchas oportunidades de trabajo bien pagado”, afirma Zun Yuan, integrante de la etnia Miao y trabajador de uno de los restaurantes que reciben diariamente a miles de visitantes.
Arquitectura ancestral entre montañas
El acceso a Xijiang se realiza a través de una carretera montañosa concluida en 2015.
Al llegar, destaca la puerta Xiaobeimen, una estructura decorada con bambú y madera que incorpora símbolos sagrados para los Miao, como los cuernos de buey y las mariposas.
Las viviendas tradicionales conforman otro de los principales atractivos. Construidas completamente en madera y ensambladas sin clavos, las casas siguen técnicas transmitidas de generación en generación. Además, se levantan sobre pilotes para protegerlas de las intensas lluvias que caracterizan la región.
La villa también es atravesada por el río Baishui, sobre el cual se alzan siete históricos Puentes de Lluvia y Viento, estructuras asociadas a creencias que buscan proteger a la comunidad de tormentas y fuertes vientos.
El legado cultural que atrae visitantes
La identidad Miao se refleja en coloridos textiles, joyería de plata y una de sus aportaciones más importantes a la cultura china: el batik, una técnica artesanal de teñido reconocida por su valor histórico y cultural.
A pocos kilómetros de distancia se encuentra Dali, una aldea habitada por miembros de la etnia Dong. Aunque enfrenta mayores retos económicos, también participa en el proyecto de turismo rural impulsado por las autoridades.
Entre los Dong sobresale el llamado “gran canto”, una expresión musical transmitida de generación en generación. La Unesco lo reconoció en 2009 como Patrimonio Cultural Inmaterial debido a que conserva la memoria histórica, los valores comunitarios y la relación espiritual de este pueblo con la naturaleza.
La importancia de esta tradición queda resumida en una frase que aún resuena entre los habitantes de la región: “El arroz nutre el cuerpo, mientras que el canto nutre el alma”.


